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Desde los primeros trabajos en gráfica hasta
los últimos en oleo, pasando por muchas formas de experimentación
(serigrafía, hoja de oro, litografía),
las calientes sombras de los muros y los arcos, los calibrados
y justos valores de luz, otorgan a las telas del Lamanna
una "sensación de tranquilidad familiar... sus
líneas son acariciadas con mano decidida pero sin barroquismo,
sabia es la dosificación tonal que imprime hasta a
devolver las líneas en formas, las formas en volúmenes,
los volúmenes en materia" (Carlo Longo).
Colores tenues, tintes claros y lejanos de los virtuosismos
del cromatismo post-moderno que, asi', enriquecen el realismo
del Lamanna de "una paz bucólica en la que es
lícito ampararse por la cura del espíritu"
(Revista cultural "El Galeón").
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